Historia

Los comienzos

Antonia Butrón creció entre harinas. Desde pequeña dormía en el cuarto contiguo a la panadería de su familia en un pequeño pueblo de Andalucía: Chiclana de la Frontera. Corría el año 1937. Eran tiempos de postguerra, y cada noche veía como su abuela y su padre amasaban el pan.

Harina, sal, agua y amor a su oficio, convertían a estos ingredientes en los protagonistas de las crujientes teleras que por la mañana ella misma vendía en su pequeño despacho y sus hermanos repartían a caballo entre las gentes del pueblo.

Entre aromas, risas y recetas

La joven Antonia amaba y disfrutaba su pequeño negocio familiar, sobre todo en las vísperas de Semana Santa, cuando las mujeres del pueblo y de los alrededores se acercaban para hornear algunos dulces como los rosquetes o las pastas típicas de estas fechas. La panadería se convertía cada año en un punto de encuentro para todas ellas. La calle olía a canela, clavo, anís, naranja, ajonjolí y vino de las bodegas de Chiclana, lo cual hacía inevitable atraer a todo el que pasaba cerca. Familias, amigas y vecinas, se reunían llenando las panaderías de risas, cantos y de un ir y venir de recetas diferentes.

Antonia ya no era una niña, y su curiosidad le llevaba a preguntarle a cada una de estas mujeres cómo hacían estos dulces tan ricos. Luego observaba cómo trabajaban las manos artesanas estirando la masa en las mesas y tomaba nota de todas las recetas para poder practicarlas después. Pensó que algo tan rico habría que disfrutarlo todo el año, así que decidió junto con su madre elaborarlos de forma continua y comenzar a venderlos en la panadería.

El obrador

Antonia es pura pasión sin medidas y esa pasión la transmite a sus productos con los que enamora a todos sus clientes. Con el paso del tiempo, encuentra el amor, se casa con Manolo, y tiene 4 hijos a los que crían con gran dedicación. A pesar de ello, nunca se separa de sus queridas panaderías ni de sus clientes. Antonia y Manolo deciden seguir creciendo, y entre los dos montan un pequeño obrador para elaborar sus dulces. Su mayor afán es darle al cliente siempre lo mejor. Busca los mejores ingredientes y elabora cada receta con sus propias manos a través de las cuales transmite un pedacito de ilusión.

Siempre mira su pequeño obrador con el corazón. No le preocupa cuánto era el esfuerzo que tiene que poner ni el tiempo que le tiene que dedicar. Cariño, esmero y su mejor hacer. Sus hijos crecen y se unen a ellos para aportar su granito de arena y sacar adelante el negocio de la familia.

El secreto del hojaldre de Antonia Butrón

Antonia gran luchadora, generosa y perfeccionista. Mucha ilusión y noches sin dormir, han servido para ir perfeccionando y dándole su toque personal a cada receta. Todo el esfuerzo merece la pena cuando le da a degustar sus productos a sus clientes. Entre ellos, el hojaldre tan especial que la caracteriza.

Con los mejores ingredientes, unas buenas manos para amasar y un horno de piedra refractaria para una cocción lenta que reparte el calor de forma uniforme absorbiendo la humedad de las masas, consigue una textura de hojaldre fina y crujiente que es el alma de sus exquisitas empanadas.

La empanada de dátiles

Antonia nunca dice que no a sus clientes. Una vez una cliente le pidió un encargo para un evento que tenía en casa donde quería sorprender a sus invitados. Pensó en las ricas empanadas que preparaba Antonia y le pidió algo especial. Antonia preparó una receta única, rellenando la empanada con jamón cocido, un riquísimo queso gouda y dátiles. La cliente quedó encantada con la mezcla de sabores y a partir de entonces le siguió encargando más.

Antonia pensó que si le había gustado tanto, podría venderla para el resto de clientes. Y acertó. Hoy la empanada de dátiles es la estrella de la casa. 

Empanaderías

Con los años, sus hijos toman las riendas del negocio con ella sin olvidar el espíritu de Antonia: amor por lo que hacen, cariño hacia el cliente, el trabajo bien hecho, la unión familiar y el cuidado hacia sus empleados, como Antonia llama, “sus niñas”, refiriéndose a las chicas que trabajan en su obrador. Con el esfuerzo de todos, el negocio de Antonia Butrón crece y aumenta la demanda de empanadas.

Para dar cobertura a esta demanda y acercarse más a sus clientes, nace el nuevo concepto de empanaderías. Son pequeños obradores especializados en la venta de empanadas. En estas empanaderías, se venden también los productos originales de Antonia Butrón, como son las pastas, los bizcochos, los rosquetes…, elaborados como Antonia los hacía originariamente. Productos llenos de historia, de amor y dedicación, que se presentan al cliente como se merecen las mejores obras de arte, en cuidadas cajas y envoltorios.